Hay una parte de tu carta que no es diseño ni marketing: es ley. La información sobre alérgenos es obligatoria en todo restaurante de la Unión Europea, y sin embargo sigue siendo el punto donde más cartas — impresas y digitales — fallan. Esto es lo que exige la normativa, contado sin lenguaje jurídico, y cómo cumplirlo bien en tu carta.
Qué dice la ley, en realidad
El Reglamento (UE) 1169/2011 — aplicado en España también por el Real Decreto 126/2015 — obliga a que el cliente pueda conocer, antes de decidir, si un plato contiene alguno de los ingredientes de declaración obligatoria. Para alimentos no envasados, como los de un restaurante, la información debe estar disponible por escrito — en la propia carta, en un soporte visible o en un documento accesible — y el personal debe saber dónde está. Decirlo «de palabra si preguntan» no cumple: la información escrita tiene que existir.
Los 14 alérgenos de declaración obligatoria
- Cereales con gluten (trigo, centeno, cebada, avena…)
- Crustáceos
- Huevos
- Pescado
- Cacahuetes
- Soja
- Leche (incluida la lactosa)
- Frutos de cáscara (almendra, avellana, nuez…)
- Apio
- Mostaza
- Granos de sésamo
- Dióxido de azufre y sulfitos (en concentraciones altas)
- Altramuces
- Moluscos
Los tres errores que vemos en casi todas las cartas
Primero: la tabla que nadie encuentra. Una hoja suelta al final de la carta, o un PDF aparte que no abre, es cumplimiento de escaparate: si el cliente no la encuentra en segundos, a efectos prácticos no existe. Segundo: la carta que no se actualiza. Cambia un plato en cocina y la tabla sigue diciendo lo de la temporada pasada — el riesgo no es la multa, es la salud de un cliente. Tercero: el diseño que se olvida de ella. La información de alérgenos se añade al final «como sea», con letra minúscula y sin criterio, rompiendo la carta y escondiendo justo lo que había que hacer visible.
Cómo se cumple bien (y se diseña bien)
La solución no es un papel más: es integrar la información en la propia arquitectura de la carta. En nuestras cartas, cada plato puede marcar sus alérgenos con un código claro y la tabla completa vive dentro de la misma pieza — en la impresa, en su sección propia; en la digital, a un toque desde cualquier plato. Y como la Carta QR se actualiza sin reimprimir, una receta que cambia el lunes está corregida el lunes: la versión que lee el cliente es siempre la viva.
Si tu carta actual «cumple» con una hoja fotocopiada, la pregunta no es si cumples: es si tu cliente lo encuentra, lo entiende y está al día. Eso es diseño — y también es cuidado.
Nota honesta: esto es información general sobre la normativa, no asesoría legal. Para tu caso concreto — obrador, catering, colectividades — consulta a tu asesor o a la autoridad sanitaria de tu comunidad. Lo que sí hacemos nosotros es construir la carta para que cumplir sea fácil y visible.
La regla de esta casa: primero el trabajo. Si quieres ver tu carta rehecha antes de pagar un euro, pide la muestra gratuita — en 48–72 horas la tienes en la mano.